Nos sentimos orgullosas
de nuestro jardín en el que pasamos tantos meses del año enseñándoles
a aprender, a jugar, a compartir y a conocer el mundo. Está bien estudiada la aportación benefactora de los espacios verdes en hospitales y geriátricos. Cada vez lo está más en las escuelas. El contacto con la naturaleza y su belleza hace aún más potente sus beneficios en los niños: mentes plásticas como esponjas, que todo lo absorben.